Entrás.
Sin tarjeta, sin formulario de 17 campos.
Ponés tu mail y un nombre. Dos campos. Apretás empezar. Listo.
"Hola — ya te estoy preparando la casa. 30 segundos y estamos."
Te cuento exactamente qué hacemos juntos desde que apretás "empezar". Sin venderte un mundo ideal — estos son los minutos reales.
Ponés tu mail y un nombre. Dos campos. Apretás empezar. Listo.
"Hola — ya te estoy preparando la casa. 30 segundos y estamos."
"¿A qué se dedica tu empresa? ¿Cuántos son? ¿Qué es lo que más te vuelve loco hoy?" — tres preguntas, no veintiocho.
Respondés en texto libre, como si me estuvieras contando a mí. Sin dropdowns.
"Basado en lo que me contaste te armé: personas, proyectos, CRM y dashboard. Está adaptado a tu rubro — no un template genérico."
Ves tu empresa, ya organizada. Podés empezar a laburar o pedirme cambios — como quieras.
"Agus, agregá a María como admin y ponele acceso a finanzas". O: "hacé un dashboard con ventas por vendedor, este mes".
Lo hago. En segundos. No tenés que abrir menús ni buscar botones.
"Acá está tu resumen del día: equipo, deals abiertos, lo que falta firmar, la plata proyectada del mes. Cada mañana te lo tengo listo."
En 10 minutos pasaste de caos a claridad. Sin consultores, sin setup fee, sin tarjeta.
10 minutos.
Eso es lo que cuesta empezar.
No hay trampa, no hay asterisco, no hay "pero". Abrís la puerta, Agus está del otro lado.